Las Tres C; Cronicas, Cuentos y Chismes. Un extraño juego de pelotica e´goma

Las Tres C; Cronicas, Cuentos y Chismes. Un extraño juego de pelotica e´goma

La sana competencia entre Wicho y Chicoché siempre fue conocida entre los habitantes de su pueblo. Hay cachos para contar hasta amanecer. Eran las cinco de la tarde en la península. Un grupo de macanagüeros jugaban pelotica e’goma en la salina de Boca del Pozo. Le tocó batear a Wicho, quien dio una rolata por tercera base, el hombre que protegía ese flanco tomó de forma magistral la bola y la lanzó a primera base, donde se encontraba Chicoché, quien agarró la esférica con estilo.

El Wicho, viéndose out, hizo un desvío en plena carrera alejándose de la base y siguiendo de largo al campo central. Chicoché, con la pelota en la mano, empezó a seguirlo como un cazador en búsqueda de su presa. Aquello se convirtió en una persecución que les llevó por toda la salina, luego el monte de más allá hasta alcanzar, incluso, la orilla de la playa. Corrieron tanto que les agarró la oscurana de la tarde. El resto de los jugadores, hartos por el absurdo y recurrente comportamiento, decidieron suspender la partida, no tanto por la huida de los dos personajes sino por falta de pelota.

– ¡Nojuegue, estos sí son fregados! ¡Caramba, está bien que se pongan con sus cosas de competir entre ellos, pero que se busquen su propia pelota! -se escuchó decir a Mencho, muy molesto, mientras los demás le daban la razón. La noche y la madrugada llegaron y nada que aparecieron los hombres.

A Wicho le tocó partir al día siguiente a Puerto Ordaz, a continuar con sus estudios, y no pudo despedirse de sus amigos por culpa de la persecución de Chicoché, quien no descansaría hasta hacerle el out.

Después de diez meses de ausencia, Wicho regresó al pueblo. Era Navidad. Pudo conversar con los amigos -exceptuando a Chicoché, cuya falta le tenía extrañado- frente a la casa de Milagros, en la conocida posada “El Peregrino”. Hablaron de todo un poco, se disculpó por no despedirse luego de aquel show, comentó todo lo vivido en tierra firme y las cosas raras de la gente de por allá. Ya entrada la noche, luego de un par de botellas de ron, se escucha un ruido entre los matorrales cercanos, justo detrás de Wicho. Sus compañeros guardaron silencio, el hombre, sentado, peló los ojos y cuando se disponía a echar la carrera, presintiendo un mal inminente y ya medio palotea’o, siente un fuerte manotón en la espalda que lo deja cimbrado de frente en el piso.

– ¡Out, caramba! ¡Tercer out, bicho! ¿Creíste que se me olvidaría, Wicho? ¡Primero muerto que perdé una partida de pelotica e’goma contigo! ¡Ganamos, muchachos, ganamos! -dice Chicoché, quien lo había cazado toda la noche y esperó que la borrachera le medio atacara a su contrincante para jugar su carta. Wicho se levantó, soltó una carcajada y, aunque había perdido de nuevo, no dudó en abrazar con mucho cariño a su amigo del alma.

Cosas de nuestros pueblos.

Gracias a Luis Salazar por la colaboración

Juan Ortiz

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